Sureste francés: 5 lugares imprescindibles de culto al arte

Festivales musicales en los sitios rurales más fascinantes, demostraciones artísticas a pie de calle, locales diferentes que pasarían desapercibidos si no te hablase de ellos, el sureste francés es un templo de adoración artística que no te dejará indiferente. He aquí mis 5 recomendaciones para tí:
1. Lo Bolegason en Castres
2. Secret Place en Saint Jean de Védas, Montpellier
3. Art’ Cade en Saint Croix Volvestre, Ariège
4. Los jueves de Nîmes
5. Los jueves de Perpignan

Nîmes y Arles: emplazamientos romanos

Nîmes y Arles, separadas por no más de 35 kilómetros de distancia, son dos ciudades del sureste francés que han sido de gran importancia durante el Imperio Romano. Arles fue una de las primeras colonias romanas, mientras que, Nîmes destaca por el buen estado de conservación de sus numerosos restos romanos. Construcciones romanas destinadas al uso y disfrute del pueblo que, hoy día, siguen conservando su esencia: distraer a los visitantes. Conciertos, obras de teatro y la tauromaquia continúan haciendo de estos espacios lugares para el ocio y el entretenimiento.

Millau, Nîmes, Montpellier y Sète: street art

Street art: disciplina que revindica el espacio público como un espacio principal para la vida artística. Movimiento que comenzó siendo un acto vandálico y hoy es un producto turístico para potenciar el mercado.
Una llamada de atención a la chica que le gustaba, hizo que Cornbread se iniciase en la técnica del graffiti en el año 1960 en Philadelphia. John Fekner, de Nueva York, comenzó en los años 70 a pintar palabras de trazo a lapicero, símbolos, fechas e iconos aerosol. Sin duda el despegue del arte urbano se dá en 1983 cuando el parisino Blek le Rat plasma su obra, con la técnica de la plantilla en la calles de Paris.

Béziers: el origen de los trovadores

Béziers es una ciudad que sorprende al visitante. El emplazamiento de su catedral en lo alto de una colina, visible desde lejana distancia, pone de manifiesto su importancia a lo largo de los años como enclave histórico. Una ciudad marcada en el tiempo por el paso de distintas culturas como la griega y la romana de las cuales ha heredado la tradición de la vid y los olivos. Villa donde el idioma predominante era el occitano: lengua romance en que los trovadores del municipio componían sus versos.

Sète: arte modesto

En el número 23 de Quai Maréchal de Lattre Tassigny de Sète se encuentra una antigua bodega del muelle, “chai”, que alberga El Museo Internacional de Artes Modestas, (MIAM). Un museo atípico y pionero en su disciplina, compuesto por una colección de “objetos cotidianos”: viejos cajones, zapatos, pañuelos decorados por presos de Texas u objetos con connotaciones religiosas.

Collioure: ciudad de pintores

La luz de la bahía de Collioure y el colorido de las casas de sus habitantes, colocadas en estrechas y empinadas calles de piedra, han servido de inspiración para muchos artistas. La huella de los pintores Henri Matisse y André Derain ha quedado impregnada en la villa del sureste francés. Los dos artistas pasan el verano de 1905 realizando alrededor de unas 300 obras al aire libre por toda la población. Impregnan sus obras de sentimientos y juegan con las diferentes luces y sombras que se producen a diversas horas del día. Es el movimiento artístico conocido con el nombre de Fauvismo.

Carcassonne: a través del festival

Carcassonne acoge anualmente, desde finales del mes de junio a principios del mes de agosto, una nueva edición de su festival que es, sin duda, uno de los más populares del sur de Francia. El festival es una buena excusa para conocer los principales monumentos y disfrutar de muy diversas actuaciones en la ciudad.
Carcassonne destaca por ser la ciudad fortificada más grande que se conserva en Europa. Jugo un papel muy importante en el pasado, las cruzadas contra los Albingenses, y juega un papel muy importante en el presente, gran actividad cultural durante la celebración de su festival.

Pic du Midi: el museo más alto de Europa

1077 metros de desnivel superados en 15 minutos de viaje en teleférico para llegar a los 2877 metros de altitud, la cima donde se encuentra el espacio museográfico más alto de Europa. La terraza Baillaud, de 750 metros cuadrados, recibe al visitante, que tiene el privilegio de caminar bajo el único espacio protegido de cielo estrellado en el continente europeo.